EL BUDO Y EL ENEMIGO REAL
Hasta no hace mucho no me di cuenta de forma consciente, de forma activa, de cual es el enemigo real al que la práctica de cualquier arte marcial te debería preparar, este enemigo es... uno mismo; un arte marcial nos debe ayudar a superar los propios miedos y angustias, enseñarnos a tranquilizarnos y mantener la serenidad en los momentos tensos y difíciles, nos debe enseñar a centrar la mente en un objetivo y que el cuerpo y espíritu siga a la determinación de la mente y un sinfín de cosas más. Este “descubrimiento” que he comentado al inicio de este escrito fue cuando mi mujer fue diagnosticada de linfoma (Cáncer del sistema linfático) después de meses de idas y venidas al hospital sin que le encontraran nada de nada.
Ahora puedo decir que, creo que gracias a un buen entreno de artes marciales, he podido mantener una situación muy tensa y nada agradable en casa con más o menos control, no sin altibajos que se han tenido que capear y situaciones algo desesperantes que, ahora, no vienen al cuento aquí o eso al menos creo yo.
Un buen entrenamiento marcial no debe ser sólo físico, no debe ser sólo aplicar técnicas con rapidez y diligencia, no en vano se llama ARTE marcial, y no estilo militar (o algo parecido) así, según mi punto de vista, un buen entrenamiento marcial tiene que generar a personas capaces de pensar, capaces de poner en duda lo que aprenden para ponerlo a prueba y ver si les sirve a ellos, si es aplicable en determinadas situaciones, etc... me he encontrado con maestrillos que enseñaban técnicas como si estuvieran dando una lección leyendo un libro, sin preocuparse de las peculiaridades de cada alumno, así, una técnica puede que no funcione ante una persona más alta o con una complexión específica, para eso, hay que haber estudiado correctamente un estilo marcial y haber obtenido conocimiento sobre el cuerpo humano, tras eso y una práctica continúa y generalizada es cuando puede que una persona gane el conocimiento y la interiorización de una técnica y entonces sepa cuando hay que aplicarla y cuando el intento de realizarla es inviable y sólo llevaría al fracaso.
Lo que no se debe hacer es vender cursos para dar una falsa sensación de seguridad a la persona y que, en el caso que se encuentre en una situación con stress real, no sepa como reaccionar y acabe haciéndose daño a ella misma o, incluso, provocando que el agresor le ataque con más saña.
Gran parte de los cursos de defensa personal que se realizan hoy en día son cursos orientados a dotar de esa falsa sensación de seguridad a los participantes de los mismos, pues se hace todo bajo una situación de control y de certeza de que si fallamos nada malo nos pasará, cuando en la calle no es así. No hace mucho, charlando con un instructor de artes marciales me comentó que tuvo ciertos problemas al comentar en una clase de defensa personal a mujeres la frase de “te voy a quitar las bragas” como si en la vida real la gente que quiere atacar fuera con educación. Ante el ataque emocional que se sufre en una confrontación no deseada y no buscada; sólo una buena preparación interna exteriorizándolo en forma de una calma máxima puede permitir a un buen practicante ver, con la sangre fría, cual es la mejor opción a tomar e ir a por ella con toda la fuerza del alma.
Desgraciadamente, con la rapidez del día a día y las ganas de obtener beneficios rápidos hace que muchos entrenamientos sean simplemente físicos, sin una práctica ni constancia adecuada, todo hay que decir, que aunque los gimnasios están llenos de instructores de un sinfín de estilos marciales, al cual más variopinto, pocos son los que realmente tienen una práctica real (y no teórica) de la aplicación marcial con una mente tranquila y decidida y, de éstos, menos son los que son capaces de transmitir la idea que el alumno debe entender para luego andar él mismo, tener de primera mano la experiencia necesaria.
Replanteémonos no sólo la forma de entrenar, si no lo que REALMENTE buscamos y lo que podríamos perder en el caso que no hayamos alcanzado realmente esos objetivos.
Xavi Vila
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